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INTRODUCCIÓN
Explotación infantil, denominación utilizada para referirse a la
explotación de niños en las fábricas, aunque ahora se aplica al empleo de
niños, en especial cuando el trabajo daña su salud o impide que asistan a
la escuela. A lo largo de la historia, y en todo tipo de culturas, los
niños ayudaban a sus padres en el campo, en el mercado, o en la casa desde
que eran lo bastante mayores como para desempeñar una tarea sencilla. De
hecho, el empleo de mano de obra infantil nunca se consideró como un
problema hasta que apareció el sistema fabril.
HISTORIA
Debido a que la revolución industrial surgió en Inglaterra, y con ella el
desarrollo del sistema fabril y la explotación de los niños, conviene
remitirse al siglo XVIII en Inglaterra, cuando los propietarios de las
fábricas de algodón recogían niños de los orfanatos o los compraban a
gente pobre, haciéndoles trabajar después a cambio, tan sólo, de su
mantenimiento. En algunos casos niños de cinco y seis años llegaban a
trabajar entre 13 y 16 horas al día.
Algunos reformistas, ya desde 1802
intentaron establecer restricciones legales para paliar este tipo de
abusos pero sus logros fueron escasos, ya que no consiguieron siquiera
reforzar las leyes existentes que limitaban el número de horas de la
jornada laboral o la edad mínima para poder trabajar. Estas condiciones
laborales se generalizaron en todas las fábricas. La mayoría de las veces,
con el consentimiento de los principales líderes políticos, sociales y
religiosos, se permitía que los niños trabajaran en tareas tan peligrosas
como la minería. Entre las consecuencias sociales negativas cabe destacar
el analfabetismo de la población, el empobrecimiento de las familias y el
crecimiento del número de niños enfermos y con las facultades físicas
disminuidas.
La indignación social creció de
forma paulatina. Sin embargo, la primera ley inglesa relevante sobre
explotación infantil no se dictó hasta 1878; en ella se establecía la edad
mínima para trabajar a los diez años obligando a los patrones de las
empresas a que los niños con edades comprendidas entre los 10 y 14 años no
trabajaran más de media jornada o días alternos. Además, el sábado sólo se
trabajaría media jornada. Esta ley también limitaba a 12 las horas que
podían trabajar los adolescentes con edades comprendidas entre 14 y 18
años, permitiéndoles un descanso de al menos dos horas para comer.
Con la ampliación de la revolución
industrial al resto de Europa y a Estados Unidos se generalizaron los
abusos y la explotación de niños durante todo el siglo XIX y principios
del siglo XX. Al igual que en el caso inglés, los abusos fueron provocando
una mayor indignación social que se vio reflejada en la aparición de leyes
que limitaban tanto la edad mínima para trabajar como el número de horas
por jornada laboral. Por desgracia, en la actualidad la pobreza y la
escasez de recursos económicos obligan a millones de niños de los países
en vías de desarrollo a vivir en condiciones infrahumanas. Asimismo, en
países desarrollados como Estados Unidos existen múltiples denuncias de
explotación infantil, sobre todo en los estados limítrofes con México. En
países de América, Asia y África, la explotación de mano de obra infantil
sigue siendo un fenómeno corriente, incumpliéndose de forma flagrante toda
la normativa nacional e internacional.
PROBLEMÁTICA INTERNACIONAL
A finales del siglo XX el problema de la explotación de mano de obra
infantil sigue siendo muy grave en numerosos países. Una serie de estudios
realizados en 1979, año internacional del niño, mostraron que hay más de
50 millones de niños menores de 15 años que desempeñan multitud de
trabajos en condiciones infrahumanas. Muchos de estos niños viven en
países de América latina, África y Asia. Sus condiciones de vida son
pésimas y sus posibilidades de alfabetización casi nulas. Sin embargo, sus
escasos ingresos son imprescindibles para la supervivencia de sus
familias. Muchas veces estas familias no pueden satisfacer las necesidades
más primarias, alimentación, vivienda, ropa o agua con la que mantener un
mínimo de higiene.
En algunos países la industrialización ha conllevado condiciones laborales
para los niños que se asemejan a las peores fábricas y minas del siglo XIX.
Por ejemplo, en la India, unos 20.000 niños trabajan 16 horas diarias en
las fábricas de fósforos.
Además, los problemas de
explotación infantil no se limitan tan sólo a los países en vías de
desarrollo, sino que tienen lugar también en las bolsas de pobreza de las
grandes ciudades de Europa y Estados Unidos, en lo que se ha venido a
llamar el Cuarto Mundo. Existe una creciente preocupación en torno al
aumento de la prostitución de menores en los grandes centros urbanos.
Los esfuerzos más destacados para
eliminar la explotación infantil a escala mundial provienen de la
Organización Internacional del Trabajo (OIT), creada en 1919 y que hoy
forma parte de las Naciones Unidas (ONU). Este organismo ha desarrollado
varias convenciones sobre el destino de la mano de obra infantil,
prohibiéndose en los países miembros el empleo de menores de 16 años, y
planteando la posibilidad de aumentar este límite en caso de tratarse de
trabajos peligrosos; también se establece la obligatoriedad de llevar a
cabo exámenes médicos periódicos y se regula el trabajo nocturno. Sin
embargo, la OIT no tiene capacidad para obligar al cumplimiento de estos
convenios, ya que éste es un acto asumido de forma voluntaria por los
países miembros.
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